por Marcelo Calvente
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arribó a la hora del brindis. A partir de esa noche Manolo se sintió muy agradecido al club Lanús.
Poco después se realizó un asado en la planta de Burletex, la empresa del dirigente Granate Adolfo Bareto, en el que Quindimil y los principales dirigentes del club agasajaron al ministro Mario Caserta por lo mucho que estaba haciendo por la entidad. Allí, por primera vez le pidieron a Quindimil la cesión del 1% de la facturación del Bingo Lanús. En principio les respondió que no podía hacerlo, y durante varios meses mantuvo esa negativa. Fue por pedido expreso de Caserta, quien le dijo que era “indispensable ayudar al club y confiar en esta nueva camada de dirigentes, que van a saber darle a ese dinero el destino correcto para terminar las obras.” Manolo se comprometió a pensarlo mejor. A partir del pedido de Mario, Quindimil aceptó y se hizo presente a una reunión de comisión directiva para la firma de un acta en la que la entidad se comprometía a destinar ese dinero a la construcción de obras de infraestructura, a la creación de un colegio primario y secundario, y una delegación policial, en el cual quedaba establecido que bajo ningún motivo se podía destinar un solo peso de esa partida a la compra de futbolistas ni al pago de sus contratos. El por entonces fabuloso ingreso mensual a la tesorería, que puntualmente se aplicaba a las obras e instalaciones, se empezó a cobrar a mediados de 1992. En 2006, durante el último mandato de Quindimil, el acuerdo con el Bingo se renovó hasta 2020. Ese dinero, que los dirigentes respetando la condición impuesta por Manolo nunca aplicaron al fútbol profesional, se cobró puntualmente hasta 2017, cuando lo vetó la gobernadora de Buenos Aires, María Eugenia Vidal.
Manolo estaba muy agradecido por la gestión de Néstor para su fiesta de cumpleaños. Sin embargo, lo que más valoró fue un acontecimiento muy poco difundido, ocurrido el 5 de junio de 1991 en la esquina de Piñeiro y Dr. Arturo Melo, donde se produjo un accidente que fue reflejado en varios matutinos. Una combi que transportaba a varios escolares colisionó con otro automóvil, y volcada sobre el pavimento se estaba incendiando ante el estupor de los testigos presenciales que sin intervenir esperaban en vano que se abra alguna puerta para que los ocupantes pudieran ponerse a salvo del fuego. Los diarios de la fecha destacan el accionar de un vecino que sin dudarlo un instante se arrojó a las llamas para forzar una puerta lateral y salvar a todos esos niños que estaban atrapados en el interior del transporte. Luego de sacar a los colegiales, el heroico vecino, que no era otro que Néstor Díaz Pérez, logró sacar al conductor del vehículo escolar, un hombre muy voluminoso que estaba atascado y pudo rescatarlo con vida, aunque después fallecería a causa de las múltiples quemaduras. Las fotos de los periódicos que informaron sobre el hecho muestran a Néstor Díaz Pérez en el hospital, con parte de su cuerpo vendado debido a las graves heridas sufridas durante el rescate, muchas de esas marcas persisten hoy en varias partes de su cuerpo.
Muy conmovido por el acto de arrojo de Néstor, Manuel Quindimil lo visitó durante su internación y nunca más se separó de él. Sabía de su honestidad inquebrantable, y sobre todo, estaba totalmente convencido de que estando Néstor de por medio, toda la ayuda que él pudiera otorgarle al club desde el gobierno municipal sería destinado a obras e instalaciones para el bien de los socios y los vecinos, y no sería malgastado en refuerzos de dudosa calidad. Además del dinero del Bingo, las obras que el intendente de Lanús hizo en el club con recursos de la comuna son incontables: Levantó todas las medianeras e hizo todas las calles internas del predio, también todos los desagües. Se hizo cargo de la nivelación de los terrenos baldíos que Lorenzo D’Angelo había logrado anexar, hizo todos los contrapisos e iluminó la totalidad del polideportivo. Su aporte fue determinante e inolvidable, y el club lo honró en abril de 2012 dándole su nombre al Multiestadio construido en el Polideportivo.